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La situación actual de Izquierda Unida y el momento político
en España, obligan a que
abordemos la próxima etapa política desde una actitud activa, de recuperación de
la iniciativa política autónoma. Sólo así será posible el urgente relanzamiento
de Izquierda Unida como amplio movimiento político y social.
Por otra parte, sólo desde un amplio
acuerdo que aúne las voluntades de una amplia mayoría de la militancia –que ha
de ser muy superior al 50%- y desde una apuesta constructiva y unitaria de las
tres candidaturas que se presentaron en la VIII Asamblea de nuestra
organización, seremos capaces de poner en marcha ese relanzamiento urgente de IU
que debe asentarse sobre dos soportes principales:
a) La recuperación de la
iniciativa política a todos los niveles, prescindiendo de una táctica subalterna
a las propuestas del Gobierno del PSOE
b) La recuperación de la
coherencia entre nuestras propuestas y nuestra actividad práctica, reforzando el
componente ético como una seña de identidad de IU.
Debemos
dotarnos, pues, de una estrategia política clara y bien definida en la que todos
nos sintamos cómodos y que se corresponda con una estrategia de abrir cauces y
posibilidades a una alternativa al neoliberalismo.
Con este
propósito nos dotamos del siguiente Programa para la Iniciativa Política, cuya
intención es que sirva como orientación para la acción a quienes se sientan
identificados con sus propuestas y como aportación al debate unitario que
proponemos:
1.-
Alternativa económica y modificación de las relaciones laborales
En política económica no es posible
seguir acompañando con nuestro voto en las Instituciones y, en algunas ocasiones
con nuestra gestión, las políticas de consolidación del modelo neoliberal.
Otra política económica es necesaria y
comienza a tener justificación socialmente aceptada.
A.- Política hacia la empresa
Es preciso favorecer el desarrollo de un
modelo de empresa de transición, alternativo al modelo neoliberal. Ese modelo
debería definirse bajo el criterio fundamental de la eficiencia social y, por
tanto, con formas de control democrático de los trabajadores y la sociedad. El
paradigma de la eficiencia social (empleo, riqueza, respeto a la naturaleza y la
salud, etc) debe explicarse de tal forma que permita fundamentar una lucha
ideológica y política de masas en su favor. En ese marco y, programáticamente,,
sería necesario:
a) El desarrollo de nuevos modelos de
investigación, desarrollo, innovación y gestión, con la propuesta de
alternativas de socialización de I+D+i.
b) La critica y superación del concepto
de competitividad neoliberal, como mero argumento ideológico para justificar las
políticas de desregulación laboral y por tanto la negación de apoyo a toda
medida fundamentada en ese criterio.
c) El fortalecimiento de formas
alternativas de propiedad (estatal, pública, y cooperativa) mediante las
correspondientes medidas legales, fiscales y financieras que garanticen su
igualdad frente a la competencia en el mercado. Concretar un estudio de
oportunidades para un nuevo desarrollo de los sectores público y social de la
economía. Dotarse de los elementos científicos necesarios para fundamentar la
mayor eficiencia social, medioambiental y democrática de las empresas de
propiedad pública y social. La ayuda pública implicará mecanismos reforzados de
control democrático (tanto públicos como de los trabajadores).
d) Desarrollar una política económica
que explore y aproveche las posibilidades de la dualización de la economía entre
un sector sometido a la competencia internacional y otro que escapa a ella (por
ejemplo, empleos de proximidad en ciertos servicios sociales, reforestación,
etc.)
B.- Cambios en las relaciones económicas
internacionales
Aplicación de un abanico de propuestas
para un modelo de relaciones económicas internacionales basado en la cooperación
y no en la competitividad. Entre ellas estarían:
a) La regulación de la
producción, distribución y consumo de los recursos energéticos fósiles.
b) El desarrollo de la
investigación en energías alternativas.
c) La reforma democrática de
los organismos comerciales y financieros internacionales
d) La condonación de la deuda
externa.
e) La limitación de la libre
circulación de capitales especulativos (Tasa Tobin).
f) Luchar por la prohibición
en las relaciones económicas internacionales de la extraterritorialidad (Ley
Helms-Burton) o de la imposición a terceros países de limitaciones políticas en
sus relaciones económicas y comerciales.
g) La critica y superación
del modelo vigente de ayuda al desarrollo, incluidos sus objetivos cuantitativos
(0,7%).
Todas estas medidas deberían realizarse
bajo el control de la Asamblea General de Naciones Unidas.
C.- Reforma del sistema financiero
Poner en marcha sistemas de aportación
de recursos para la financiación de la inversión y el desarrollo socialmente
útiles.
Se trataría de situar las necesidades
sociales como objetivo del sistema y no la obtención de beneficios financieros.
Para ello, la palanca es el sistema financiero público constituido por las Cajas
de Ahorro. La alternativa pasa por desarrollar un sistema de crédito selectivo,
socialmente eficiente que cubrirían estas instituciones financieras, sin
renunciar a la creación de nuevas instituciones de carácter público.
Complementariamente habría que reforzar el sistema de control democrático de las
Cajas de Ahorro y plantear la conveniencia de que la Banca privada devuelva al
sector público los ingentes recursos invertidos en el saneamiento del sector
privado.
D.- Modificación de las relaciones
laborales
La izquierda debe articular un
planteamiento ofensivo que vaya más allá de la recuperación de la situación
perdida en cuanto a derechos laborales: hay que comenzar a traspasar el
neoliberalismo. Este modelo debe asentarse sobre el empleo estable y de calidad,
la democracia en la empresa, la cualificación de la fuerza de trabajo, la
participación en los incrementos de productividad y la superación en las
relaciones laborales de cualquier tipo de discriminación (mujeres, jóvenes,
inmigrantes). Este modelo debe estar estrechamente relacionado con el concepto
de empresa socialmente eficiente que hemos propuesto anteriormente.
Para el despliegue de las medidas que
conduzcan a esta finalidad hay dos aspectos que consideramos cruciales:
a) La definición de un modelo
de democracia en la empresa que garantice el control sobre las grandes
decisiones (objetivos de producción y mercado, inversiones, deslocalización,
política salarial –altos ejecutivos/trabajadores no especializados,etc) con la
participación de trabajadores, sus organizaciones sindicales y los
representantes de la ciudadanía.
b) Lucha determinante por el
pleno empleo mediante un sistema empleo/formación, de forma que el trabajador
esté siempre en una de esas dos situaciones. En la financiación del sistema se
utilizarían los recursos del actual Seguro de Desempleo y un sistema bonus/malus
que penalizará a las empresas con políticas destructoras de empleo.
E.- Política de vivienda
En cuanto
a la vivienda, partimos de una critica rigurosa del modelo de política de
vivienda desarrollado en España tanto por la derecha como por la
socialdemocracia e, incluso de las propuestas programáticas de IU y sus
aplicaciones como en el caso de Euskadi. Se puede afirmar que el rasgo común de
todos ellos es la no intervención global en el mercado del suelo y la vivienda
para no cuestionar las bases del modelo de desarrollo económico de los últimos
decenios ni una de las principales fuentes de financiación de los Ayuntamientos,
con los resultados de todos conocidos. La aplicación de ese modelo ha generado
dos mercados: uno de vivienda de protección oficial, altamente corrompido, y
otro de vivienda libre, extraordinariamente especulativo. A eso se ha añadido la
generación de guetos. Las líneas esenciales de una alternativa serían:
a) La intervención directa
del Estado, CC.AA. y Ayuntamientos en el mercado global de la vivienda
(superando el actual concepto de VPO) y no sólo en su regulación; su
intervención en todos los submercados (alquiler y propiedad, suelo,
construcción, promoción y rehabilitación, etc). Esto exige la superación del
concepto meramente asistencial (vivienda barata para necesitados).
b) El énfasis en la vivienda
de alquiler y en la rehabilitación y no en cantidades marginales sino como
herramienta no limitada de intervención en el mercado.
c) La consideración integral
del problema del Habital humano, vinculando entre otros aspectos, Vivienda,
Urbanismo, Ordenación del Territorio, Protección de la Naturaleza y Movilidad.
d) La consideración de la
funcionalidad social de la vivienda (discapacitados, tercera edad, jóvenes,
proximidad al centro de trabajo, servicios sociales e infraestructuras).
2.-
Reforma del Estado y modificaciones constitucionales
Compartimos el análisis
sobre la función del Estado que se deriva de las contradicciones entre las
clases sociales y, por tanto, consideramos necesario disputar al gran capital el
control del papel del Estado como regulador de las relaciones económicas,
políticas, sociales, culturales e ideológicas. Esto, desde un punto de vista de
la izquierda alternativa lleva a la cuestión del poder político y de la
democratización profunda del Estado.
Es preciso desvelar la falacia del Estado
mínimo, neutral, que no interviene. En la fase actual de desarrollo del
capitalismo, el Estado bajo la ideología neoliberal, en lo que hace y en lo que
ha cedido a otros para que hagan, ha alcanzado cotas de intervensionismo y
control mucho más elevadas y eficientes a favor de los intereses del gran
capital que los Estados burgueses precedentes.
Debemos comenzar a poner en pie un
modelo diferente de intervención y regulación de las relaciones, que opere en
beneficio de la gran mayoría. Si no queremos plantear esto como una falsa
ilusión, es necesario proponer elementos de democracia real que conduzcan a
poder político real. El enfoque de una iniciativa de ese tipo debería
caracterizarse por:
a)
Plantear la forma
republicana de Estado como un elemento esencial de la democracia no sólo en
cuanto que ninguna autoridad pública puede ser hereditaria sino, además, en la
preeminencia del concepto de “res pública” como valor fundante del ordenamiento
jurídico.
b)
Un modelo de democracia
participativa que abarque la empresa, las instituciones y la organización
social, que debe ser efectiva también en el interior de las organizaciones
populares. La participación debe ser entendida como instrumento para la
generación de conciencia, organización, hegemonía y poder.
c)
Un conjunto de propuestas
para la modificación democrática de los procedimientos de la democracia
representativa. Entre ellos, de forma prioritaria la reforma de la ley electoral
para garantizar el mismo valor determinante a todos los votos.
d) La extensión de la
democracia al campo de la información y la comunicación. El derecho a la
información debe ser el de los ciudadanos a recibir información veraz y no el de
las empresas a controlar los medios.
e)
La consideración
constitucional de los derechos sociales como derechos exigibles.
En la formación social española, el
Estado ha jugado, además, un papel de regulador de las relaciones entre las
distintas burguesías nacionales. Por razones históricas esta regulación ha
delimitado, no siempre de una manera lineal, los derechos históricos de los
distintos pueblos que conforman España. En el momento actual, los procesos de
integración económica y política regionales como la Unión Europea y el proceso
de globalización, han quebrado los pactos más o menos expresos y más o menos
forzados entre las distintas burguesías nacionales y estas han tomado la
iniciativa para dirimir sobre nuevas bases sus relaciones mutuas y buscar su
integración supranacional con autonomía, en defensa de sus intereses. La
izquierda está con retraso en esta iniciativa cuando no en una posición
subalterna ante las distintas burguesías nacionales (tanto la vasca como la
catalana como la que, por exclusión, recibe el nombre de española).
Es, por tanto, urgente recuperar también
en este escenario la capacidad de propuesta e iniciativa, pero ello puede ser,
sin duda, una de las tareas más complejas, puesto que los valores ideológicos
del nacionalismo han ido penetrando como una lluvia fina en el campo de la
izquierda, hasta el punto de que en sectores de la izquierda se acaricia como
positiva la idea de ir de comparsas de sus respectivas burguesías, como en un
desfile de gigantes y cabezudos.
Proponemos participar activamente en los
procesos de reforma de los Estatutos de Autonomía con la perspectiva de creación
de un proyecto autónomo, con dimensión nacional/estatal y, por tanto, no
compatible con la aparición de nuevos estados, cuyo objetivo sea la
transformación global de la sociedad. Este proyecto, de largo alcance se
concreta a medio plazo en un Estado único, federal y solidario, donde todos los
ciudadanos tengan los mismo derechos y deberes, tengan garantizadas las mimas
prestaciones sociales y contribuyan en la misma proporción según sus ingresos.
Un modelo que se propone el desarrollo
del autogobierno como un derecho de profundización democrática para todos los
ciudadanos del Estado, y se asienta en la voluntad democrática de todos los
ciudadanos más que en razones étnico-historicistas, en la solidaridad y el
internacionalismo.
3.- Defensa de los servicios
públicos
En el complejo derechos sociales/
servicios públicos se imbrican
cuestiones centrales de la laucha por una alternativa al neoliberalismo y a la
pretensión del capital de mercantilizar nuevos objetos. Un derecho social (la
salud, por ejemplo) se satisface mediante la intervención de un servicio público
(el Sistema Nacional de Salud, en este caso). La alternativa que proponemos debe
asentarse sobre la idea de que el reconocimiento efectivo del derecho es
inseparable del carácter público del servicio que lo garantiza.
El principio esencial de una iniciativa
ofensiva de la izquierda en este campo es la exigencia de que los derechos
sociales reconocidos en el ordenamiento constitucional y jurídico (trabajo,
vivienda, salud, educación y cultura, medio ambiente protegido, igualdad de
oportunidades y no discriminación, pensiones, justicia, seguridad, etc) sean
derechos exigibles ante las Administraciones Públicas. Para ello debe hacerse
las modificaciones legales necesarias (ver Reforma constitucional).
La satisfacción exigible de esos
derechos sociales debe realizarse mediante un servicio público no mercantilizado
y, por tanto, fuera de la esfera de la competitividad.
Esto implica, titularidad, gestión y
ejecución públicas.
4.- Municipalismo
El
significado profundo que para nosotros tiene el municipalismo, es que es el
territorio donde están los espacios sociales, políticos y cotidianos concretos
en los que se han de materializar las ideas que hemos expuesto
hasta aquí.
El
municipio tiene, como institución, carácter fundante de la actividad política
con relación al Estado y a cualquier otro tipo de configuración del territorio
con fines políticos.
La
participación política a nivel de municipios reduciría drásticamente los cauces
de delegación, simplicaría los aparatos de la administración pública y
acercaría la solución de los problemas a los ciudadanos (principio de
subsidiariedad).
Las
anteriores ideas justifican el valor y la importancia que hay que conceder a los
municipios.
Valor
que va mucho más allá de la mera decentralización administrava. El espacio
municipal sirve para desarrollar formas directas y participativas de gestión de
lo público, es decir, permite profundizar en el autogobierno y en el ejercicio
de la autodeterminación en su sentido amplio y concreto a la vez.
Por
tanto, defendemos las propuestas que doten a los ayuntamientos de
a) recursos económicos –hasta llegar al 33% del gasto público-, de
información y de cultura, con capacidad de generar dinámicas eficaces en las
principales políticas públicas (empleo, desarrollo sostenible, etc) a nivel
local y mancomunadas.
b) Sistemas de gestión basados en la democracia participativa
c) Definición de un sistema de competencias propias municipales
d) Impulso a la comarcalización para la mayor eficacia de los recursos por
economías de escala.
e) Descentralización efectiva distrital con elección por sufragio universal
de los componentes de los Ayuntamientos de Distrito en el caso de grandes
ciudades.
f) Reconocimiento de la capacidad de inciativa legislativa en aspectos
propios de las competencias municipales.
5.- Reforma fiscal
El concepto de equilibrio fiscal o
déficit cero es incompatible con los principios de políticas fiscales
progresistas y creadoras de empleo. El sistema fiscal que defendemos debe tener
como objetivo la satisfacción de las necesidades sociales con todos los recursos
disponibles. Por tanto, el déficit cero es un aspecto técnico, secundario, e
incluso desde este punto de vista no siempre recomendado. En cualquier caso, el
ajuste nunca debe venir por el lado del gasto sino por el del ingreso.
Como medidas concretas
proponemos:
a)
Combatir eficazmente el
fraude fiscal, tanto con medidas legales como con el reforzamiento de la Agencia
Tributaria. Exigencia a los fedatarios públicos de responsabilidad en el caso de
fraude fiscal en los actos jurídicos documentados.
b) Nueva regulación de las
Sociedades Patrimoniales
c) Rentas del trabajo y del
capital deben tener el mismo tratamiento fiscal y, en su caso, deben acumularse.
d) Eliminación de todos los
gastos fiscales (deducciones) y su transformación en ayudas públicas a las
distintas políticas de fomento (empleo, vivienda, etc.)
e) Reforma del IVA para
introducir un supertipo para determinadas adquisiciones (automóviles de mayor
cilindrada, por ejemplo)
6.- Políticas de igualdad y
sistema de atención a personas dependientes
a) La alternativas en este campo deben
basarse en el reconocimiento efectivo de la igualdad de oportunidades y de
derechos sin ningún tipo de discriminación por razón de sexo, preferencia
sexual, edad, procedencia (inmigrantes), circunstancias sociales, ideología,
militancia política o sindical y religión.
La legislación debe garantizar de forma
efectiva y bajo responsabilidad administrativa y/o penal el principio de “a
igual trabajo, igual salario”
La no discriminación debe ser un derecho
protegido y exigible de parte en el ordenamiento jurídico
b) La política de atención a las
dependencias debe asentarse en una Agencia para la Atención a Mayores y Personas
Dependientes, de carácter, gestión y control públicos que garantice este
servicio de forma universal con ámbitos autonómicos.
La financiación de esta política debe
hacerse con cargo a los Presupuestos Generales de la CCAA y mediante las
transferencias del Estado central que sean necesarias. De forma subsidiaria, los
costes se financiaran mediante el pago por parte de las personas atendidas
calculado en porcentaje sobre su pensión con un límite que no superará el 80%.
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